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PIEZA DEL MES / JULIO-AGOSTO 2017

Tintero y salvadera
Loza vidriada y pintada
6 x 9.5 Ø cm y 5.8 x 9.3 Ø cm
¿Alfar de Manises?
Siglo XVIII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

 

Definía Covarrubias (1611) el escritorio como «el caxón donde están los papeles y escrituras», pero también como «la estancia o aposento del escribano, a donde escribe y despacha». Para el «recado de escribir», en uno u otro, el tintero y la salvadera eran imprescindibles.

Se trata de unas piezas muy variadas en cuanto a forma, estilo o materiales. Las hay de forma cúbica, prismática, esferoide…, de líneas sencillas o recargadas, y hechas en plata, vidrio, hueso o de cerámica, como las expuestas.

El tintero, el vaso para la tinta, es de forma octogonal con bordes moldurados, pero se advierte la ausencia del pocillo que la recogía. Su ornamentación es sobria: sobre el vidriado blanco estannífero de fondo destaca el azul cobalto de las guirnaldas con flores a trechos y de las líneas que la enmarcan. Se usaba, también, como portaplumas al disponer de cuatro boquillas en la parte superior donde reposarlas.

El otro vaso, la salvadera o arenero, parejo en forma y ornamentación con el tintero, está cerrado excepto por unos agujerillos en el centro remetido de su parte superior. Servía para contener la arenilla, un tipo de arena muy fina ordinariamente de hierro magnético, que se echaba sobre lo que se había escrito, a fin de enjugar la tinta y no se borrase.

Ambas piezas puede que hayan sido elaboradas en algún taller de loza de Manises (Valencia) a finales del siglo XVIII o quizá a principios del XIX. Habrían llegado a Zafra a través de sus ferias y mercados, para servir en el escritorio de la celda abacial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Galería alta del Museo

Hasta el 31 de agosto de 2017

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PIEZA DEL MES / JUNIO 2017

LIBRO BECERRO DEL CONVENTO DE LA CRUZ
Papel, tintas, madera, cuero y metal
34 x 27 x 16 cm
Francisco Andrés de Rojas
1746
 
Museo Santa Clara, Zafra
 
 
El convento de la Cruz de Cristo se inició en 1511 como un beaterio, que observaba la Tercera Regla Franciscana. Situado en la calle Ancha, hasta 1536 no se convirtió en convento.

Allí permanecerá hasta 1600, en que se traslada a la casa que había sido de Don García de Toledo, hermano del III Conde de Feria. Levantada en la plazuela del Pilar Redondo, era la mejor casa de Zafra: tenía unas sesenta estancias, patio, huerta, estanque, arboleda y poseía el privilegio de una tribuna a la parroquia.

En 1746, su abadesa mandó escribir este Libro Becerro o «Protocolo General de toda la Hacienda», para registrar todas las propiedades que  sostenían a la comunidad. Aunque por ser tardío va manuscrito en papel, lleva tapas encoradas y cierres de bronce.   
                          
Al comienzo, tras el índice alfabético, van dos folios miniados, cuyas caras se enmarcan con una cenefa dorada, sobre la que campan roleos y flores. En la primera, también sobre fondo dorado, aparecen San Francisco y Santa Isabel sustentando un medallón con los emblemas franciscanos: los brazos cruzados de Cristo y Francisco y las cinco llagas; y, en la orla, la leyenda versificada: «Si el Árbol nos captivó/ De la Cruz nos Redimió/ Viba Cruz que tanto Obró/ Y tan Grande bien nos dio». Cuentan estos folios los primeros años de la comunidad, para concluir con un soneto de Don Pedro de Espinosa al propio libro.

Fue escrito e iluminado por Francisco Andrés de Rojas Guerrero, a la sazón boticario zafrense, que puso su nombre latino rodeando la letra capital primera, para reservar la tercera a los de la abadesa y el mayordomo del convento. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Donación de la Familia Álvarez Bustamante al Museo en mayo de 2017
 
 
 
 
Galería alta del Museo
Hasta el 30 de junio de 2017
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PIEZA DEL MES / MAYO 2017

CRUZ DE LOS EVANGELISTAS
Madera, metal y cristal
48.5 x 31.5 x 1.2 cm
Siglo XVII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra 

 

 


Esta sencilla cruz relicario, que lleva inscritos los nombres de los cuatro evangelistas con un punteado metálico sobre la madera, nos recuerda que la cruz es uno de los símbolos más antiguos y difundidos de Oriente a Occidente, aunque con significaciones diversas según las culturas: numerológicas, de oposición entre la tierra y el cielo, de encrucijada entre la vida y la muerte o de espejo del fuego o del sol.

Será con el cristianismo cuando la cruz adquiera nuevos significados al convertirse en símbolo de la pasión de Cristo, de su victoria sobre la muerte y de la redención del género humano.

Los primeros cristianos, dado su uso patibulario entonces, tenían cierta aversión a representarla, pero no a signarse y venerarla. De ahí cobra sentido el episodio del hallazgo o «Invención de la Santa Cruz», que La Leyenda Dorada atribuye a Santa Elena, madre del emperador Constantino.

El descubrimiento en Jerusalén de la Vera o Verdadera Cruz, bajo un templo levantado a Venus por el emperador Adriano sobre el Gólgota, lo sitúa la tradición hacia el año 325 y la Iglesia lo celebra el 3 de mayo.

Es la Fiesta de las Cruces o de la Cruz de Mayo, en la que se quiere ver resquicios de ritos paganos ancestrales.

En Extremadura se celebra con intensidad en la villa de Feria. En secreto, los vecinos visten habitaciones-santuario con tules, gasas y rasos, donde exponen sus cruces abrazadas por laboriosas coronas de flores de talco y papel. Suntuosos árboles crucíferos que procesionarán sobre sus hombros en un colorido desfile callejero.

Y al anochecer, en la plazuela, el auto sacramental La Entrega escenificará la milagrosa develación de la Santa Cruz.

 

 

 

 

 

Galería Alta. Hasta el 31 de mayo de 2017

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PIEZA DEL MES / ABRIL 2017

Y EL ROCÍO REMEDIÓ LA SECA…
SOLEMNES FUNCIONES A LA PATRONA FREXNENSE

Papel
20.5 x 14.8 x 0.5 cm
Sevilla. Imprenta Real
1797 y 1825

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

 

 

 

 


Para una sociedad campesina, como la extremeña, la falta o escasez de lluvia era signo de desgracia. La tierra seca y los ganados sedientos anunciaban la inminencia de tiempos de carestía y penuria, que se volverían, si se prolongaba la sequía, de hambruna y enfermedad.

Eran las consabidas épocas de vacas flacas, que tanto afligían a las gentes al entenderse, además, como azote divino por los pecados e ingratitudes infligidos al Altísimo.

Ante el común desamparo, solo valía al pueblo sufriente encomendarse a santos intercesores para alcanzar, a través de su mediación, el perdón de sus pecados, el alivio de sus privaciones y la sanación de sus dolencias.

Así se vivió en Fregenal de la Sierra en 1824. La sequía era tan «espantosa» que suplicaron amparo a su patrona la Santísima Virgen «en su adorable y peregrina imagen, con el misterioso título de los Remedios».

Trasladada desde su ermita a la iglesia mayor, comenzó un solemne novenario de rogativa, y «a pesar del excesivo calor llovió al tercero día, y llovió otros más», con lo que se mitigó la aridez y fue la cosecha abundante.

Reconocidos, los devotos vecinos frexnenses quisieron honrarla con unas solemnes funciones que duraron una semana de septiembre: luminarias, oficios nocturnos en las iglesias, rosarios callejeros y procesiones ocuparon tardes y noches. Pero, el día 25 se celebraría la «función de calle» más llamativa y celebrada: desfilaron 17 pasos, en los que personajes bíblicos, sibilas y virtudes escenificaban la santidad de Nuestra Señora y el agradecimiento de la villa.

Esta publicación formó parte del homenaje a la Patrona, cuya imagen en su templete dieciochesco aparece grabada en el frontispicio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Galería alta. Hasta el 30 de abril de 2017

 

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