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PIEZA DEL MES - FEBRERO 2016

 

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La conversión de San Pablo
Óleo sobre lienzo
145 x 93,5 cm
Felipe Diriksen
Escuela madrileña
1625 

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

 

 

 

En el ático del retablo de la capilla funeraria del segundo duque de Feria se conserva este lienzo en el que se representa la conversión milagrosa de san Pablo camino de Damasco.

Un cuadro en el que prima el carácter narrativo, al ajustarse a lo descrito en los Hechos de los Apóstoles: en lo alto y en medio de un vórtice de nubes, aparece una pequeña figura de Cristo ordenando el suceso: un chorro de luz «venida del cielo» deslumbra a Saulo y a su blanca montura, que aparecen abatidos en tierra. Entonces «oyó una voz que le decía: Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?». Alrededor, sus compinches, «mudos de espanto», gesticulan asombrados; mientras uno de ellos, sobre su cabalgadura, huye despavorido hacia el bosque.

Obra autógrafa de Felipe Diriksen (1590-1679), que fecha en 1625, muestra cierto barroquismo tanto en la composición centrífuga de la escena, como en el uso que hace de la luz y la sombra para generar un ambiente taumatúrgico.

Diriksen, aunque de ascendencia flamenca, nace en El Escorial y se forma en el ambiente cortesano, cerca de pintores como Vicente Carducho y Eugenio Cajés. Se dedicó fundamentalmente al retrato: de 1620, en que pinta uno de Felipe III, a 1634, en que tal vez lo hace del tercer duque de Feria, se desarrolla su etapa más creativa.

También pintó obras de temática religiosa como este lienzo, que es el único conservado de los seis que tuvo el retablo y desaparecieron durante la guerra de la Independencia.

En la capilla funeraria ducal, dedicada al dominico san Raimundo de Peñafort, se gana desde 1607 un jubileo a quienes la visiten el 25 de enero, festividad de la conversión paulina.

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Restaurada durante la campaña de verano de 2015 por el equipo dirigido por el profesor Dr. D. Francisco José Sánchez Concha, Facultad de Bellas Artes, Universidad de Sevilla.
Con el apoyo de la Consejería de Cultura del Gobierno de Extremadura, el Excmo. Ayuntamiento y la Asociación de Amigos del Museo y del Patrimonio de Zafra.

 

 

 

Galería alta. Hasta el domingo 28 de febrero

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PIEZA DEL MES - ENERO 2016

Niño Jesús de la Pasión
Madera policromada, cristal, postizos, telas y metal dorado
49 x 20,5 x 19,5 cm
Escuela andaluza
Siglo XVIII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra

 

 

 

La devoción al Niño Jesús, tras el Concilio de Trento, conjugará en las representaciones plásticas la inocencia y el candor infantiles con el drama y el tormento postrero de la cruz.

Surge, entonces, la alegoría iconográfica del Niño Jesús de la Pasión: niños compungidos que juegan con los instrumentos de su venidero martirio, que llevan la cruz a cuesta, se clavan una espina, duermen sobre la cruz o sobre una calavera…, o toman el cáliz y levantan sus ojos lacrimosos e implorantes, como si escenificaran la oración en el huerto.

Impactantes imágenes que no pertenecen a la historia evangélica, pero que conmovían el corazón de los fieles, al advertir la debilidad, propia de la naturaleza humana de Cristo, en el presentimiento en su niñez de su trágico final.  Y entre las monjas, además, eran «objeto de piadosas meditaciones» y motivo de compasión.

Aunque las esculturas de Jesús niño eran habituales en el orbe católico barroco, es en las clausuras donde más abundaban. Cada hermana tenía, en su celda, una a su cuidado y devoción, a la que ornaba, alumbraba y rezaba. Una imagen que venía con ella, formando parte de su ajuar, cuando entraba como novicia en el convento.

Son tallas completas, pese a ser concebidas para vestirse: las monjas las ataviaban como si de un niño verdadero se tratase y aprovechaban los tiempos litúrgicos para renovarles el color de los ropajes.

Hoy, pueden considerarse como reliquias pretéritas, pero siglos atrás suponían una sublimación de la maternidad renunciada de las sores y su asimilación a María como madre virgen, al tiempo que la aceptación espiritual del Divino Infante como esposo.

 

 

 

La pieza ha sido conservada durante la campaña de restauración del verano 2015 por Conso Muñoz Gonzalez y Cándido Baquero Muñoz

 

Hasta el 31 de enero. Galería alta del Museo

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PIEZA DEL MES - DICIEMBRE 2015

Niño Jesús Salvador del Mundo
Madera policromada
41 x 19 x 17 Ø cm
Escuela castellana
Finales del siglo XVI

Museo Santa Clara, Zafra

 

 

 

 

 

La imagen de Jesús niño en el regazo de su Madre surge ya en los primeros siglos cristianos, pero hemos de esperar al medievo para que, al tiempo que se esculpen las imágenes marianas más tiernas, se  escenifique el pesebre de Belén, en cuya difusión el franciscanismo tuvo un papel determinante.

En esas representaciones, Jesús, recién nacido y rodeado de sus padres y de dos bestias, abandona su iconografía cristológica tradicional para mostrarse como un niño más y evocar así la humanidad de su doble naturaleza.

Pronto, solo el Niño irá bastando para sugerir los pasajes evangélicos de su nacimiento o puericia: hechuras exentas que empiezan a generalizarse a partir del siglo XV y alcanzarán su máxima difusión y variedad iconográfica en los siglos XVII y XVIII.

La que contemplamos nos revela al infante como Salvator mundi. El Niño, desnudo y con una anatomía realista, muestra un rostro severo y transcendente. Su cuerpo erguido adopta una suave ondulación, a contrapposto, para guiar nuestra mirada hacia su mano derecha, que alza para bendecirnos; mientras que, con la otra, aguanta el globo terráqueo sobre el que derrama su poder omnímodo.

Este paradigma, conocido también como Niño Redentor o cariñosamente “Niño de la bola”, tiene su analogía iconográfica en su traslación adulta con el Cristo del fin de la historia, con el Pantocrátor o Maiestas Dómini, imágenes que aluden a la parusía o segunda venida del Mesías al mundo.

Esta talla, que fue donada por Dª María del Rosario Díaz Juliá al Museo en 2009, procede del mercado de antigüedades. Ha perdido las potencias y la cruz sobre el orbe, probablemente de metal, y la peana que debió poseer.

 

 

 

 

 

 

 

 

Galería alta. Hasta el 31 de diciembre 2015

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PIEZA DEL MES - NOVIEMBRE 2015

Arqueta-relicario de santa Inés
Madera, cristal y telas
15 x 22 x 16,5 cm
Siglo XVII

Monasterio de Santa María del Valle, Zafra 

 

 

 

En la capilla de las Reliquias, que dotasen los duques de Feria en Santa Clara entre 1592 y 1612, se conserva esta arquilla-relicario que guarda un cráneo pequeño envuelto en seda roja y sencillos bordados.

Desconocemos su origen pues no se reflejada en los inventarios. Tampoco posee ninguna inscripción identificadora, pero la tradición conventual apunta que pertenece a santa Inés. Una mártir niña de los primeros tiempos del cristianismo.

Toda su historia transcurre en Roma. Narra el Flos Sanctorum que Inés, con tan solo trece años de edad, era tan hermosa que «fue vista de cierto Cavallero mozo, y muy rico, hijo de vn Prefecto de la Ciudad, el qual (…) començó á amarla perdidamente». Pero Inés ya tenía decidido su futuro: permanecer limpia y virgen al servicio de Jesucristo.

La enfermedad del enamorado y la autoridad de su padre buscaron doblegar su voluntad encerrándola en la casa de las vestales, vírgenes que servían al culto en el templo de la diosa Vesta. Pero no dio más fruto que su negativa a adorar al ídolo.

A partir de entonces comenzó su martirio, con sucesivas pruebas de las que se salva milagrosamente hasta que es degollada el año 303, en tiempos del emperador Diocleciano.

La arquilla que contiene la reliquia es sencilla y de hechura tumbal. Está decorada con pan de plata sobre el que, con pintura almagre y simulando un estofado, se han extendido flores y rameados inspirados en telas ricas del Quinientos. En una de los lados mayores, una vidriera permite ver el cráneo y, en los laterales, se repite la insignia franciscana de las cinco llagas en escudos a los que flanquean las llaves de san Pedro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta el 30 de noviembre. Galería alta del Museo

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