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La urbe ducal

Toda población es un ser vivo. Surge en un momento dado condicionada por factores geográficos, económicos o sociales. Y su devenir histórico viene marcado tanto por la política de sus mandatarios como por la actividad socioeconómica de sus habitantes. La ciudad de Zafra es reflejo de esa realidad. Sus calles y plazas, casas y monumentos recogen la huella de su pasado, con la que convive de forma armónica. Un pasado marcado por la acción de la Casa de Feria que la convirtió en espejo de su linaje. La situación de Zafra y sus recursos naturales serán determinantes en su elección por los Suárez de Figueroa. Unas condiciones que ya habían sido valoradas por pueblos y culturas anteriores, como la musulmana en la cercana sierra de El Castellar.

El proceso de ennoblecimiento de los Feria, así como su cambio de mentalidad de nobles guerreros a palaciegos, se manifiesta en el desarrollo urbano y mercantil de la villa, que se advierte de manera clara cuando deciden convertirla en una villa ducal. Su mecenazgo se despliega en edificios tan únicos como el Palacio Ducal, la Colegial Insigne, el Hospital de Santiago o el Monasterio de Santa María del Valle, así como, en la formación de una corte de pensadores, artistas, literatos, todo aunado a la expansión económica de la villa. Sus ferias y mercados generarán una base comercial que ha llegado hasta hoy, convirtiendo a Zafra en una ciudad mercantil e industrial.

 
 
Vista general de Sala .