Sor Celia (1916-1994) es un ejemplo del ideal clariano. Mujer austera y mortificada, era amante de la oración, contemplativa en extremo y siempre conducida por el espíritu de pobreza. Exigente con ella misma y con las demás religiosas, quería monjas santas; pero al tiempo era madre cuando las hermanas lo necesitaban. Su personalidad se define por su caridad, su prudencia y su alegría. Sor Celia, culta y con un elevado carisma religioso, fue también una mujer de su tiempo. Desarrolló en el seno de la comunidad clariana una intensa labor en el plano espiritual, cultural y especialmente en el formativo, sobre todo a raíz del Concilio Vaticano II. Ocupó diversos cargos directivos de los que nunca alardeó. En el ámbito monástico organizó el trabajo de elaboración de dulces, para garantizar la subsistencia de las comunidades. Su obra supuso un antes y un después en la Orden, sobre todo en las clarisas de Zafra.
Hijas mías, cumplid siempre el deseo de nuestra madre santa Clara: amaos unas a otras….vivid la santa unidad y caridad, no la rompáis jamás, pase lo que pase, suceda lo que suceda…vivid en la paz. (Testimonio de Sor Celia del Espíritu Santo) |